Tenerife - Historia
Organización política anterior a la conquista
Unos cien años antes de la conquista, existía un mencey
(nombre dado al monarca o rey de los guanches de Tenerife,
que regía un menceyato o territorio) llamado Tinerfe el Grande,
hijo del Mencey Sunta.
Tinerfe tenía su corte en Adeje desde donde gobernaba toda la
isla. A su muerte, sus nueve hijos se rebelaron y se repartieron la
isla en nueve menceyatos y dos achimenceyatos independientes
(llamados capitanías por los conquistadores). Los menceyatos y
sus menceyes (por orden de descendencia) fueron los siguientes:

Taoro: actualmente Puerto de la Cruz, La Orotava, La Victoria
de Acentejo, La Matanza de Acentejo, Los Realejos y Santa
Úrsula sus menceyes fueron Bentinerfe, Inmobach, Bencomo y
Bentor.

Güímar: en la actualidad El Rosario, Candelaria, Arafo y Güímar y
sus menceyes fueron Acaymo, Añaterve y Guetón.


Abona: Fasnia, Arico, Granadilla de Abona, San Miguel de Abona, Arona y sus menceyes fueron
Atguaxoña y Adxoña (o Adjona).

Anaga: Santa Cruz de Tenerife y San Cristóbal de La Laguna (la zona de la propia laguna) y sus
menceyes fueron Beneharo y Beneharo II.

Tegueste: Tegueste, parte de la zona costera de La Laguna y la propia vega lagunera, sus menceyes
fueron Tegueste, Tegueste II y Teguaco.

Tacoronte: Tacoronte y El Sauzal y sus menceyes fueron Rumén y Acaymo.

Icode: San Juan de la Rambla, La Guancha, Garachico e Icod de los Vinos y sus menceyes fueron
Chincanayro y Pelicar.

Daute: El Tanque, Los Silos, Buenavista y Santiago del Teide y sus menceyes fueron Cocanaymo y
Romén.

Adeje: Guía de Isora, Adeje y Vilaflor y sus menceyes fueron Atbitocazpe, Pelinor, e Ichasagua.
También se encontraba el Achimenceyato de Punta del Hidalgo gobernado por Aguahuco (el "Hidalgo
pobre", hijo ilegítimo del Gran Tinerfe) y Zebenzui.

Conquista
En diciembre de 1493, Alonso Fernández de Lugo obtuvo de los Reyes Católicos la confirmación de sus
derechos de conquista sobre la isla de Tenerife.
En abril de 1494, y procedente de Gran Canaria, desembarcó el conquistador en la costa de la actual
Santa Cruz de Tenerife con una tropa de peninsulares y canarios (gomeros y grancanarios, sobre todo)
formada por unos dos mil hombres de a pie y 200 a caballo. Tras levantar un fortín se dispuso a
adentrarse hacia el interior de la isla.
Cabe destacar que los menceyes de la isla de Tenerife tomaron distintas posturas en el momento de la
conquista.
Se constituyeron así el bando de paz y
el bando de guerra, integrado el
primero por los menceyatos de Anaga,
Güímar, Abona y Adeje, y el segundo
por Tegueste, Tacoronte, Taoro, Icode
y Daute.
El bando opositor se enfrentó
tenazmente a los castellanos de modo
que la conquista tinerfeña se prolongó
durante dos años.

Las tropas castellanas sufrieron una
derrota a manos de los guanches en la Primera Batalla de Acentejo en 1494.
Sin embargo, los guanches, superados por la tecnología y por las nuevas enfermedades a las cuales no
eran inmunes, cayeron frente a las tropas de la Corona de Castilla en la Batalla de Aguere y en la Segunda
Batalla de Acentejo culminando la conquista en septiembre de 1496.
Como en el resto de las Islas, muchos de los aborígenes fueron esclavizados, especialmente los
pertenecientes al bando de guerra, mientras que buena parte de la población indígena sucumbió a
enfermedades importadas como la gripe y, probablemente, la viruela, enfermedades infecciosas para las
que aquella sociedad neolítica, debido a su aislamiento, no había desarrollado su sistema inmune.
Tras la conquista, y especialmente durante el siglo posterior a ella, se fue produciendo una repoblación y
colonización paulatina de la isla con la llegada de inmigrantes provenientes de diversos territorios
pertenecientes al incipiente Imperio Español (Portugal, Flandes, Italia, Alemania).
Los bosques de Tenerife se vieron gradualmente afectados por el crecimiento poblacional y por la
consecuente necesidad obtener terrenos despejados que permitieran la explotación agrícola para
consumo propio y para la exportación. Así fue el caso de la introducción del cultivo de la caña de azúcar
a principios del siglo XVI mientras que, en siglos sucesivos, la economía de la isla se centró en el
aprovechamiento de otros cultivos tales como la vid y la cochinilla para fabricar tintes, así como el plátano.

El ataque de Horacio Nelson
Tenerife fue atacada, como las otras islas, por
corsarios de varias nacionalidades (franceses,
ingleses, holandeses y berberiscos) varias veces a
lo largo de su historia, según el devenir de las
alianzas y guerras de España.
De entre estos ataques destaca por su lugar en la
Historia el ataque de los británicos de 1797.
El 25 de julio, el Almirante Horacio Nelson atacó
Santa Cruz de Tenerife, capital de la isla y Jefatura
de la Capitanía General.
Tras un feroz ataque, la defensa organizada por
el General Gutiérrez repelió a los británicos.
Nelson perdió su brazo derecho por una bala de
cañón (dice la leyenda que del cañón "Tigre")
mientras intentaba desembarcar en la orilla de la
costa de la zona de "Paso Alto".
El 5 de septiembre, otro intento de desembarco en la región de Puerto Santiago fue repelido por los
habitantes del Valle de Santiago del Teide, que lanzaron piedras a los británicos desde lo alto de los
Acantilados de Los Gigantes.
Otros corsarios, principalmente ingleses, también atacaron la isla de Tenerife con mayor o menor suerte,
Robert Blake (1656), Walter Raleigh, John Hawkins, John Genings (1706), Woodes Rogers, entre otros.

Historia reciente
Otros visitantes menos hostiles llegarían a la isla en siglos sucesivos. El naturalista Alexander von
Humboldt ascendió el pico del Teide y comentó la belleza de la isla. Numerosos turistas comenzaron a
visitar Tenerife a partir de la década de 1890, especialmente las ciudades norteñas de Puerto de la Cruz
(primer municipio turístico de Tenerife mediante orden ministerial del 13 de octubre de 1955 que lo
declaró ’Lugar de Interés Turístico’) y Santa Cruz de Tenerife.
En marzo de 1936, el general Francisco Franco fue destinado a Tenerife por el gobierno republicano,
temeroso de su influencia militar y política, con el fin de alejarlo de los centros de poder. En el monte de
La Esperanza, dentro del municipio de El Rosario, Franco organizó la conspiración militar que daría lugar a
la Guerra civil española y a la caída de la II República Española.
La colisión entre dos aviones ocurrida el 27 de marzo de 1977 en el aeropuerto de Tenerife Norte, al
norte de la isla, sigue siendo el accidente con mayor número de muertos de la historia de la aviación. Los
aviones implicados en la tragedia tenían como destino Gran Canaria, pero habían sido desviados a
Tenerife debido a la explosión de una bomba (supuestamente colocada por el grupo terrorista separatista
MPAIAC) en el aeropuerto grancanario.

Emigración a América
Tenerife, del mismo modo que otras islas, ha
guardado una estrecha relación con América.
Desde los inicios del proceso de colonización del
nuevo mundo, fueron varias las expediciones que
antes de surcar el atlántico hicieron escala en la isla
y sumaron al pasaje numerosos tinerfeños que
formaron parte integrante de las expediciones de
conquista o que simplemente partieron en busca
de mejores garantías de futuro rumbo al
continente americano. A su vez, independiente-
-mente del tránsito humano fue importante el
intercambio de especies animales y vegetales que
se estableció entre las dos tierras.
Tras un siglo y medio de relativo crecimiento alrededor del año 1670 el complicado comercio exterior del
sector vitivinícola propicia la emigración de muchas familias especialmente hacia Venezuela y Cuba.
Además por esas fechas surge el interés por parte de la Corona de poblar aquellas zonas vacías de
América a fin de evitar su ocupación por otras potencias como había ocurrido en el caso de los ingleses
con Jamaica o los franceses con las Guayanas o el
oeste de La Española, de manera que también
importantes remesas de canarios y entre ellos
tinerfeños parten hacia el nuevo destino colombino
. La creciente agricultura cacaotera en Venezuela
y tabaquera en Cuba, de finales del siglo XVII y
principios del XVIII, contribuyó a la despoblación
casi íntegra de localidades como Buenavista del
Norte, Vilaflor o El Sauzal. Testigo de la historia
emigrante de la isla es la fundación en las afueras
de Santo Domingo del poblado de San Carlos de
Tenerife en 1684. Este poblado fundado
esencialmente por tinerfeños se creó con un claro
objetivo estratégico ya que permitía preservar la
ciudad del asedio de los franceses establecidos en la parte occidental de la isla de La Española. Entre 1720
y 1730 fueron trasladadas por la Corona 176 familias canarias, entre ellas numerosas tinerfeñas a la isla
caribeña de Puerto Rico. En 1726, en torno a 25 familias isleñas emigraron a América para terminar
fundando la ciudad de Montevideo. Cuatro años más tarde, en 1730, partió otro grupo que, al año
siguiente, fundaría la ciudad de San Antonio de Texas, (Estados Unidos). Luego, entre 1777 y 1783, el
puerto de Santa Cruz de Tenerife despide a los fundadores de San Bernardo, en el estado de Luisiana, y
también a algunas remesas con rumbo a Florida.
Desafortunadamente, debido a los problemas económicos derivados de la escasez de materias primas y
de la lejanía con respecto a Europa, la emigración al continente americano, eminentemente a Cuba y
Venezuela, continuó en los siglos XIX y principios del XX. Desde hace décadas, con las nuevas políticas de
protección de la economía canaria y con el auge de la industria turística la dinámica migratoria se ha
invertido, y hoy es Tenerife la que atiende el retorno de estos isleños, sus descendientes y otros
inmigrantes perdurando así el influjo que germinó cinco siglos atrás.

Erupciones volcánicas históricas
Las erupciones volcánicas acontecidas en Tenerife de las que se tiene indudable constancia histórica se
limitan a cinco. La primera de ellas fue en 1492 en Volcán Boca Cangrejo que fue observada por Cristobal
Colón. La siguiente ocurrió en el año 1704, cuando entraron en erupción, de forma sincrónica, los
volcanes de Arafo, Fasnia y Siete Fuentes. Dos años más tarde, en 1706, tuvo lugar la erupción de
mayor magnitud de las históricas al entrar en erupción el volcán de Trevejo. Este arrojó grandes
cantidades de lava que sepultaron la ciudad y puerto de Garachico, en aquel entonces el más importante
de la isla. La última erupción volcánica del siglo XVIII se produjo en 1798 en las Cañadas de Teide,
concretamente en Chahorra. Finalmente, en 1909 la actividad eruptiva irrumpió en el volcán de
Chinyero, en el municipio de Santiago del Teide. Posteriormente a esa fecha y hasta la actualidad no se
han producido nuevas erupciones en la isla. Además, a pesar de la naturaleza absolutamente volcánica de
Tenerife, los cinco episodios eruptivos históricos no han ocasionado víctima mortal alguna.
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